Se dirigió, entró y como tenía mucha hambre pidió de cenar, así que le sirvieron el manjar que el frutero tan amablemente le había recomendado. Al día siguiente después de haber descansado salió a la calle, se percató que en los bajos del hostal había una barbería, se extrañó de no haberla visto la noche anterior, así que entró para cortarse el pelo, le resultó extraña por la oscuridad que había en su interior. Aun así saludó al barbero que lo recibió con toda normalidad le hizo sentar en la silla para pasar posteriormente a cortar el pelo. Lo hizo con tanta destreza y tan bien, que el comerciante se animo a que también le afeitará. Pensando que después comería nuevamente el guiso tan delicioso de la pasada noche.
El barbero tomó la navaja con una destreza que hizo brilla su filo con un resplandor casi aterrador, el comerciante lo observaba a través del espejo sin perder compás, así pudo percibir que los ojos del barbero inyectaban sangre, asustado se abalanzó sobre el brazo donde portaba la navaja y comenzó a forcejear con él, accidentalmente le clavó la navaja al barbero, asustado tocó una palanca que hizo girar la silla hacia atrás donde cayó el cuerpo del barbero.
El comerciante salió despavorido calle abajo donde tropezó con un policía, le explicó con dificultad todo lo ocurrido, le acompañó hasta el hostal, donde descubrieron que el hostelero utilizaba el sótano para descuartizar los cuerpos que el barbero le enviaba ya degollados. Así hacia el guiso tan exquisito para los comensales que se acercaban a su hostal. Cuando las gentes supieron de la macabra noticia, sobre todo aquellos que comieron de ese guiso no pudieron por más que vomitar. En la actualidad dicho establecimiento sigue cerrado, desde que se supo que allí se cometían los más atroces asesinatos.
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