Sigo creyendo que los vampiros existen, pero ya no tanto del mito del vampiro que conocemos por películas, libros etc. es sólo eso un mito, porque después de estudiar el fenómeno vampírico he llegado a la conclusión de su existencia. Son tribus gobernadas por patriarcas o matriarcas, no duermen en ataúdes, no tienen miedo a crucifijos, ni a ningún símbolo religioso, tampoco les repelen los ajos, pueden salir de día aunque les molesta algo el sol lo arreglan con protectores solares.
Se alimentan de sangre, energía y esencia de los mortales. Y no son tan guapos, ni atractivos como los pintan. No existe ningún libro de su doctrina, leyes o normas. En algunos países los tienen como símbolo de sus creencias y son adorados como tales, es lo que se entiende como magia negra y cultura demoníaca. Se puede acabar con ellos clavándoles una estaca o bien cortándoles la cabeza y quemarlos.
Cuando hablan pueden transmitirte serenidad mientras sus ojos hipnotizan nuestra alma para así poder hacerse con lo más preciado que tenemos para ellos nuestra sangre, agua de nuestra alma con la que satisfacen su ansías de alimentarse. Es cierto que así purifican sus cuerpos haciendo que sigan jóvenes, exento a enfermedades y libres de todo mal, ahí es donde radica su fuerza y destreza.
Se mezclan entre los mortales, para no levantar sospechas actúan de igual a igual, aunque mantienen su soledad. Hacen reuniones y ritos satánicos entre ellos. Realizan viajes por el mundo, no son tan conocedores, ni cultos como estamos acostumbrados a verlos. ¿Son ciencia ficción o una realidad palpable?
Yo personalmente como romántica que soy, me quedo con el vampiro romántico; ser caballeroso, educado, culto y con un atractivo arrollador, nuestro conocido “Drácula”de Bram Stoker, o como no, el “Edward Cullen” de la Saga Crepúsculo, de Stephenie Meyer. Son personajes de ficción creados en la imaginación de sus autores, de los cuales los lectores nos enganchamos a ellos. ¿Pero alguien ha visto un vampiro real alguna vez?, yo no.
© 2011 Rosana Martí
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