COMPARTE CONMIGO EL EXTRAORDINARIO MUNDO DE LAS HADAS


 
 

domingo, 12 de septiembre de 2010

Hadas de Fuego


El fuego es dinamismo, calor, cambio. Aporta creación y destrucción. Sin el fuego todo estaría inerte y congelado. El fue es, en todas sus formas, lo que da emoción a l vida, y suele ser la energía que nos lleva a lugares nuevos, cuando de repente todo parece distinto. El fuego es el elemento más difícil de trabajar, pues es muy poderoso, y estas energías se nos pueden descontrolar fácilmente. Sin embargo, es importante que sí nos hagamos conscientes de los seres de fuego. Los necesitamos para entrar en contacto con nuestra pasión y nuestra creatividad.

También necesitamos traer el fuego a nuestra vida de un modo más consciente, pues hace mucha falta hoy día. Si nos acercamos con cuidado, los elementales fuego nos calentarán el corazón y vigorizarán nuestra vida. Los espíritus de fuego reciben el nombre de salamandras, y están presentes dondequiera que haya fuego, visible o invisible. A pesar de su nombre, no siempre imitan el aspecto de reptiles. Aunque imiten el aspecto de un dragón, también pueden adquirir formas humanoides.
En las llamas de las velas danzan pequeños espíritus de fuego, mientras que las poderosas salamandras juegan en los desiertos y en los volcanes. La salamandra también colabora en la combustión invisible, como la de nuestro metabolismo, gracias a la cual los alimentos se queman para proporcionarnos energía.
Sin fuego no habría vida ni luz. Las salamandras estimulan nuestra pasión, la sexual incluida, y fomenta la valentía, el idealismo y la visión. Un contacto adecuado con las salamandras nos ayuda a usar bien nuestra fuerza vital, pues renueva el alma. Entre las hadas de fuego podemos destacar a: Dragón, Centauro, Prometeo, Los fuegos Fatuos, Djinn, Wayland el herrero, Brígida.


Dragón: Desafortunadamente nuestra cultura e historia a convertido a este maravilloso ser elemental en un monstruo. Representan diferentes tipos de poder intuitivo, salvaje. Personifican los poderes fértiles y elementales de la naturaleza y, como tales, la sociedad patriarcal los tacho de destructivos. Por eso dioses y héroes se encargan mediante las leyendas de acabar con ellos.

Centauro: Son mitad hombre, mitad caballo. Los podemos considerar espíritus de fuego, por dos cosas: porque el símbolo de fuego, Sagitario, está simbolizado por un centauro con un arco y una flecha, lo que introduce al centauro en los mundos de significados fogosos. Y segundo el centauro es una criatura de gran poder y sabiduría. Con sus rasgos de mitad humano y mitad animal, aportan un cambio de conciencia, por el que la pasión y la sabiduría puedan combinarse. Si se te acerca un centauro, probablemente aparezca un conocimiento nuevo tras las turbulencias. Los centauros son grandes maestros, como Quirón; unas veces están dispuestos a sacrificarse a sí mismos, y otras son tremendamente egoístas.
Prometeo: En la mitología griega era un titán, un espíritu anterior a los dioses del Olimpo. Era un amigo de la humanidad en desarrollo, la cuidaba y le enseñaba las artes civilizadas.
También era juguetón ya que una vez engañó a Zeus, le dio los huesos y cartílagos de un toro y a los hambrientos, las partes carnosas. Para castigar a Prometeo, el enfadado Zeus retiró de los humanos el don del fuego, por lo que Prometeo se escabulló en el Olimpo y robó una chispa del fuego sagrado. Aporta valentía e idealismo, es una expresión utilizada a menudo para cualquier cosa innovadora, rompedora y retante para los valores establecidos. Pídele a Prometeo que te encienda con su espíritu, pero a diferencia de él, no olvides conservar tu humildad, pues siempre habrá poderes mayores que los de los humanos.

Los Fuegos Fatuos: Son luces extrañas que aparecen sobre los pantanos. Aunque pueden atribuirse al gas metano, la cienca no ha explicado del todo los fuegos fatuos y mucha gente cree que son seres de fuego que salvan o extravían a los viajeros. Algunos los llaman “cuerpos de vela “ y dicen que son presagios de muerte. Además son espíritus bromistas que nos aportan un vislumbre de lo posible, de la aventura, de lo que puede ser. A veces nos recuerdan las numerosas muertes de nuestro interior: muertes de sueños, de esperanzas, de creencias. Estás muertes iluminan tu propia vela y nos recuerda lo que estamos perdiendo.
Djinn: Son hadas de fuego árabes. Están hechos de fuego, o descienden del fuego, por sus venas corren llamas en lugar de sangre. Están gobernados por monarcas llamados hombres de Suley. Los Djinn tienen diversos tamaños y poderes. Los mayores hacen que la tierra del desierto suba en espirales formando un enorme pilar retorcido, mientras que los más pequeños forman polvaredas y otras manifestaciones menores. Como seres del mundo exterior, los Djinn odian el hierro, pues la fundición de este metal anunció el fin del gobierno de la naturaleza y el principio del dominio del hombre.

Wayland el Herrero: Era un elfo que hacia joyas inigualables. La noticia de su habilidad y de su riqueza se difundieron, y una noche Nidud rey de Suecia, le cogió por sorpresa y le hizo prisionero. Wayland fue forzado a trabajar haciendo artículos para el rey, quien le cortó los tendones de las rodillas para que no pudiese escapar.
Estando secuestrado y en secreto construyó un par de alas con plumas y restos de la playa. Su arte hizo que la hija del rey se enamorara de él. Un día los dos hijos del rey desaparecieron. Nidud y su esposa asumieron que se habían marchado de aventura y se consolaron con los últimos trabajos del herrero, entre los que había un cáliz de tamaño de un esqueleto humano, un collar con cuatro joyas a modo de ojos humanos y un broche reluciente elaborado con lo que parecían cincuenta dientes. En una noche de tormenta, una extraña figura alada posada sobre la ventana despertó al rey y a la reina. “El amor que procesa su hija la ha dejado sin alma”. Usted señor, bebió del esqueleto de su propio hijo, y usted, señora, lleva los ojos de sus hijos alrededor del cuello. Los cielos llameantes me aguardan. Y el herrero salió volando en busca de su amor.

Brígida: Significa “flecha de fuego”. Es una antigua diosa celta, miembro de los Tuatha de Danann, los mágicos seres de la antigua Irlanda. Gobernaba la herrería, la sanación, los partos, la poesía, la inspiración y el elemento fuego. También era diosa del Sol, pues su símbolo es la rueda solar, que es una cruz asimétrica que simboliza el ciclo de equinoccios y solsticios. El simple hecho de encender una vela y de invocar su nombre suele aportar alegría. Si sufres de “sequía de escritor” o necesitas purificar tu vida y transformarla, los amables fuegos de Brígida harán magia en tu honor.




jueves, 9 de septiembre de 2010

Cuento de Hadas: La Selkie


Érase una vez un cansado cazador, en las frías tierras del norte, que iba de regreso a casa en la oscuridad de la noche. Su viaje le llevo cerca de la costa: la luna llena bañaba las aguas y la arena brillaba como una perla. Apartó los arbustos, y entonces, para su asombro, vio a tres hermosas mujeres bailando desnudas allí donde las olas rompían. Hipnotizado, el cazador las observó y creyó oír una música espeluznante a la luz de la brisa marina. Bajó la mirada y vio tres pieles de foca en la arena, una para cada una de las graciosas bailarinas. El cazador había oído cuentos de mujeres-foca que, de hecho, escondían un alma humana. Él se sentía solo y anhelaba una esposa con quien compartir las noches. Miró a las encantadoras bailarinas otra vez y, de un impulso, cogió una de las pieles y la escondió en su chaleco. La danza estaba terminando. Riéndose armoniosamente, las mujeres dieron un brinco para recuperar sus pieles, meterse dentro y zambullirse en las olas.


Una de ellas, la más hermosa de todas, no encontraba la suya, y su pánico creció mientras la buscaba, cuando el cazador se plantó delante. -Ten tu piel-le dijo. – Ven y cásate conmigo. Te devolveré la piel al cabo de siete años para que hagas lo que quieras. El cazador pensó que sería tan feliz con él que se olvidaría de la piel para siempre. La Selkie accedió y se fue con el cazador y vivieron felices durante un tiempo. Pero sus enormes ojos grises estaban distantes, buscaba el mar y sus olas muy a menudo. Tuvieron un hijo al que amaba profundamente, su rostro estaba muy triste. Cuando pasaron los siete años se acercó a su marido y le reclamó la piel. – ¿Abandonarías a tu hijo?, ¿Te marcharías para desaparecer en las olas?. La Selkie estaba cada vez más triste, aunque jamás derramó una sola lágrima, pues hay penas que son demasiado grandes para llorar. Su hijo la amaba profundamente y hacía todo lo que podía por animarla. Un día escuchó una conversación entre sus padres y se enteró de la verdad sobre su madre. Incapaz de soportar su infelicidad, se dedicó a seguir a su padre a hurtadillas, hasta que un día le vio cavar, sacó una piel de foca, comprobó que estaba intacta y volvió a meterla dentro.

El muchacho se puso contento. Ahora podría devolverle la sonrisa a su madre. Esperó a que su padre se marchara de caza y volvió al lugar donde estaba enterrada la piel. Rápidamente la desenterró y se la llevó a su madre. Los ojos grises de está brillaron al ver la piel. Sin apenas detenerse a abrazar a su hijo, corrió hacia la orilla y se introdujo en las aguas. El muchacho corrió tras ella, gritando: - Por favor, madre, no me abandones, llévame contigo.- Entonces ella le agarró, le exhaló su magia y se lo llevó consigo bajo las olas. El muchacho aprendió muchas cosas maravillosas en el mundo subacuático, absorbiendo la sabiduría y la gracia de la gente como su madre. Pero sabía que no podría quedarse para siempre, pues su destino estaba en tierra, con su padre. Llegado el momento, su madre lo devolvió a la orilla y, besándole por última vez, se marchó cargada de tristeza. El devastado cazador se alegró de volver a ver a su hijo y le ayudó a readaptarse a la vida en la Tierra. Pero cada vez que el muchacho miraba el reflejo de la luz de la Luna, sentía la presencia de su madre. Con el tiempo se convirtió en un renombrado músico, cuyo mayor placer consistía en sentarse a tocar junto a la playa mientras las mujeres foca brincaban a lo lejos sobre las olas.





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