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lunes, 25 de julio de 2011

Oisin y Niamh



Leyenda irlandesa que nos cuenta algo muy distinto, algo así como una metáfora de lo que sucede cuando los humanos dejan de creer en la magia y en el poder de la naturaleza. Oisin era hijo del poderoso Fion mac Cumhail, lider de los guerreros de Fianna y de la diosa ciervo Sadb. Un día de caza se le apareció en el bosque la bella hada Niamh de los Cabellos Dorados, hija del dios del mar, Manannan. Le había elegido como amante y le pidió que se marchara a Tir-nan-Og, la tierra de la Eterna Juventud, al otro lado de los mares del Oeste. Vivieron felices durante trescientos años, pero después Oisin quiso ver su hogar otra vez. Niamh le dio un caballo mágico para el viaje, y le avisó que sus pies no podrían tocar la tierra. Cuando Oisin regresó a Irlanda, se entristeció al ver que todo el mundo se había convertido al cristianismo, y que la fuerza de los hombres se había reducido. Vio a tres hombres esforzándose por levantar una roca y se inclinó para ayudarles. Al hacerlo, se le salió una espuela y se  cayó al suelo. En un instante quedó convertido en un ciego decrépito, y su caballo encantado se desvaneció. San Patricio se le apareció e intentó convertirlo al cristianismo, pero Oisin no se sentía nada atraído por una vida después de la muerte en la que no hubiera fiestas ni bellas mujeres, así que siguió siendo pagano.


En esta historia se enfrentan las visiones pagana y cristiana del mundo, y la primera queda simbolizada como vibrante y poderosa, desprovista de poder por mostrar una falta de respeto a la Tierra y a la Buena Gente. El rápido envejecimiento de Oisin sugiere también a Tir-nan-Og como la Tierra de los Muertos, y el contacto con la tierra le devuelve la realidad de la mortalidad. De este modo, cuando regresan del País Encantado, los cuerpos de muchos viajeros se convierten en polvo, mostrando que en realidad estaban muertos.
Existen cuentos parecidos al de Oisin por todo el mundo, incluso en Japón. Una versión italiana relata al héroe casándose con el hada Fortuna; cuando él solicita regresar a su hogar, ella vuelve con él, evitando que cometa los mismo errores que Oisin. Cunado descubre que su madre lleva mucho tiempo muerta, regresa con Fortuna al País Encantado, donde viven felices para siempre. Es un raro ejemplo de un final feliz en una unión entre un mortal y un hada.
El tiempo puede pasar de forma muy distinta en este mundo y en el País Encantado, pero aun así los mundos aparentemente se solapan. Los danzantes de los círculos encantados suelen ser rescatados al cabo de un año o un año y un día, mientras que un mes en el País Encantado puede equivaler a cientos de años en el mundo humano; una hora puede equivaler a un día, o vicerversa. Las estaciones son muy importantes, y en las épocas de transición de estaciones la puerta del País Encantado puede abrirse. El día también posee determinados momentos importantes, como el amanecer, el atardecer, el mediodia y la medianoche.
En el mundo ordinario nos esforzamos por comprender el tiempo. Posee una cualidad misteriosa y aparentemente se mueve rápido o despacio. Tal vez sea una ilusión creada por nuestra mortalidad de la que las hadas nos liberan de vez en cuando.


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