Representantes femeninas de la clase superior de los espíritus del Fuego. Naturalmente pertenecen el Reino del Fuego y están emparentadas con las salamandras. Los Reinos de Fuego se localizan en los lugares más apartados del mundo de los humanos y allí se intensifican la parte demoníaca de los espíritus de la naturaleza.
Las Vulkani son representadas a menudo como mujeres o muchachas, como damas extravagantes o frívolas. En general, son de una buena altura y de hermosa apariencia. A su manera, son impacientes, caprichosas, irritables, siempre están en movimiento, listas para luchar en cualquier momento, y ponen su libertad por encima de todas las cosas.
Les encanta pelear y no necesitan ningún motivo especial para liarse a golpes. Aparecen a menudo llevando los diferentes colores del elemento Fuego como el rojo, naranja y amarillo chillón, pero también el azul eléctrico del interior de las llamas desde el rojo oscuro hasta el negro. Son inquietas e inconstantes, como su elemento.
No se apegan a ningún lugar. Se sienten a gusto allí donde crepitan las llamas. De la misma forma habitan en cráteres todavía activos, en incandescente magna, hornos calientes, rayos cargados y ocasionalmente en fuentes herméticas de electricidad. En los ascendentes vapores venenosos y del fuego de esos lugares miden sus fuerzas entre ellas.
Las Vulkani aman el fuego en todas sus formas. Así pues, se sienten en su elemento cuando hay incendios en el bosque o arden los matorrales. Extremadamente chillonas, extáticas y animadas por una fuerza salvaje, sólo tienen un objetivo: prolongar aún más el fuego. En las explosiones de fuego prorrumpen en chillidos y júbilo.
En las brasas, ponen de relieve su absoluto entusiasmo en formas que cambian incesantemente. Lo principal es que la cosa avance. Calor, movimiento, caos, así es como se sienten bien. Se deslizan hacia abajo en pos de los rayos para atizar en fuego al final de éste. Cuanto más fuerte aticen las llamas y más luminosas y altas ardan éstas mayor es el éxtasis desenfrenado y extático de las Vulkari. Sin embargo, las llamas se extinguen, así que vuelven a las profundidades y esperan impacientemente hasta que la fuerza del fuego vuelva a llamarlas y alimentarlas.
Las Vulkari evitan y temen el agua porque las disuelve. La tranquilidad, el silencio, la paz y la armonía son un espanto para estás hadas. Las personas que han desarrollado un carácter pacífico y todo tipo de ángeles les ponen de los nervios y les provocan dolores de cabeza. Huyen de esa forma de energía.
El cometido de las Vulkani consiste en alimentar la irreprimible y salvaje fuerza de crear así movimientos e incalculable transformación. La materia no es un obstáculo para ellas. Las personas que juegan imprudentemente con fuego, especialmente los niños, las inducen a provocar incendios.
Los pirómanos (enfermizos incendiarios) están ocupados con ellas. Si sienten afecto por alguna persona, están preparadas para refrenar su impetuosidad y para refinar su energía, aun cuando, ocasionalmente, sale a la luz su naturaleza original. Por amor pueden ser fieles y sinceras, entregan su calor de una forma equilibrada, dejando salir sólo de vez en cuando una pequeña “broma de fuego”. ¡Pero cuidado aquellos que decepcionan a estos seres, porque para ellos hay el riesgo de explosión!
