Abre tu corazón a las hadas acuáticas y las fronteras entre vosotros se disolverán. Cuando las sientas cerca, podrás experimentarlas en su hábitat más fácilmente.
• Relájate por completo. Imagina que estás sentada junto a un hermoso lago o una zona tranquila del mar. Puede ser un lugar que te encante, o un sitio de tu imaginación. Tómate tu tiempo para asentarte en el lugar. Observa todos los detalles de los alrededores. Observa los verdes y azules relucientes del agua, y el resto de colores, reflejados y refractados. Observa el azul del cielo que te cubre. Detecta cualquier planta o roca, cualquier rasgo del paisaje: permite que tus ojos descansen ahí. Hazte consciente de cuán cerca estás de la orilla, de pie o sentado, y observa lo que lleves puesto. Fíjate, sobre todo, en un colgante de esmeraldas, grande y bellísimo, y en la piedra plana que llevas sobre el pecho, encima de tu corazón.
• Escucha los sonidos que te rodean. ¿Oyes la brisa, el canto de los pájaros, el sonido de las olas? Inhala la frescura del aire y el aroma del agua que transporta. Siente el aire puro y húmedo en tu rostro, y el viento suave rozándote el pelo. Disfruta de todo esto sintiéndote cómoda y relajada.
• Ahora concéntrate en el centro del pecho, donde está el corazón. Inhala la belleza de este lugar y permite que tu corazón se sienta cálido, abierto y revigorizado.
• Recuerda la maravillosa esmeralda que cuelga sobre tu pecho, cerca del corazón. Cuando sientas cercanía y empatía hacia la belleza de las aguas, la esmeralda empezará a brillar. La calidez de tu corazón fluye a la esmeralda, que responde palpitando y brillando. El brillo de la esmeralda es suave y, a la vez, sorprendentemente poderoso. Enseguida te das cuenta de que está luz maravillosa se extiende por las aguas, bañándolo todo en el verde más puro. La esmeralda verde llega a las aguas y se mezcla con ellas brillando otra vez. Las aguas se vuelven más claras y empiezan a ver el fondo. ¿Qué maravillosos regalos y tesoros encuentras ahí? ¿Qué seres mágicos están presentes?
• Invitadas por la esmeralda, atraídas por el amor de tu corazón, las hadas empiezan a salir de las aguas. Mira cómo llegan, la mayoría extrañas y bellas, y otras bajo formas que tal vez no hayas imaginado jamás. Deja que la esmeralda siga brillando y envía una bienvenida desde tu corazón.
• Deja que las hadas vayan saliendo a su ritmo. Tal vez se queden muy dentro de las aguas, quizá se aproximen al borde. Incluso pueden llegar hasta la tierra. Observa su aparición, permanece serena y deja que la esmeralda de tu corazón siga brillando. Escucha también, pues las hadas tal vez estén hablando, riendo, susurrando o cantando.
• Pídeles que se acerquen y pregúntales si puedes hablar con una. Con suerte, una de ellas se acercará a ti. Escucha lo que te dice. Si quieres, puedes hacerle preguntas. Las respuestas obtenidas serán sorprendentes claras o quizá no tengan ningún sentido al principio. Por ahora, intenta no descifrarlas.
• Cuando te parezca bien, despídete de las hadas con muestras de respeto y agradéceles su presencia. Diles que volverás a visitarlas. Deja que la luz de la esmeralda se apague lentamente y vuelva al cristal de tu pecho. Cerciórate de que la esmeralda se cierre y, por ahora, tu corazón también. Toca la esmeralda y siente su frescor y si solidez. Sal de la escena.
• Regresa a tu conciencia cotidiana dándote golpecitos por todo el cuerpo para sentirte aquí y ahora. Apunta en un cuaderno todo lo que hayas experimentado y cualquier pensamiento que hayas tenido.
• Puedes repetir este viaje todas las veces que quieras. Tal vez se te ocurran más preguntas, y puedes preguntárselas al representante de las hadas. No te sorprendas si las respuestas obtenidas dan pie a más y más preguntas, pues así es como funcionan las hadas y eso forma parte de tu búsqueda. ¡Feliz viaje!







