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domingo, 15 de mayo de 2011

Las Asrais



Las Asrai son hadas inglesas pertenecientes al elemento agua, son pequeñitas y delicada de cuerpo transluciente. Habitan en los lagos y ríos, ocultas en los huecos de las rocas. Son seres tímidos de pequeña estatura, aunque hay quien las describe de altura semejante a la humana.


Su aspecto es el de una hermosa joven pero en realidad son ancianas centenarias. Si un hombre las ve, queda inmediatamente prendado de su belleza y es capturado por ellas. Pero su punto débil es la luz del Sol, y si fueran capturadas y expuestas aunque solo fuera a un solo rayo se derretirían y se convertirían en un charco, por eso solo salen las noches de Luna llena, las llamadas “Noches de Asrai”. Algunos malvados cuando las capturaban las exponían a su fatal destino.

 


Cuenta la leyenda que un pescador salió una noche a pescar con su red en el lago, cuando sintió que algo pesado se enredaba en ella. Tiró con todas sus fuerzas, y a la luz de la Luna vio que había capturado una Asrai. 
 


Era una criatura preciosa y quedó maravillado. Había oído decir que estas ancianas hadas solo salían de sus profundos hogares una vez cada cien años, a contemplar la Luna. Su tamaño era el de una niña de unos doce años y se dirigió a él suplicándole que la dejara ir, pero el pescador no la escuchaba, pensaba en sus hijos y pensó que los ricos del castillo le pagarían bien por poder mostrar la Asrai en su estanque de peces.


Así que endureció su corazón y emprendió el camino de regreso. La Asrai sacó un brazo de la red y señaló una y otra vez a la Luna menguante, luego puso la mano en el brazo del pescador, que según este contó más tarde "era tan fría como la espuma", parece ser que el calor humano la hirió y el pescador la colocó en la parte inferior de la embarcación.


Como tenia miedo de que la luz del día fuera demasiado fuerte para ella, la cubrió con unos juncos. Cuando volvió a por ella, el Sol ya estaba alto. Al levantar los juncos, su red estaba vacía y una mancha húmeda era todo lo que quedaba de ella. Pero el brazo que había tocado el hada se mantuvo helado durante el resto de su vida y nada pudo calentarlo nunca más.





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