Las sílfides son quizá las hadas más fáciles de ver, pues están por todas partes. Muchas huirán de los lugares en los que haya habido mucha maldad, y las que se queden allí se preocuparán más de limpiar y de sanar que de la comunicación humana; tampoco suelen recibir favores. Aparte de esto, las sílfides están allí dondequiera que las respires.
• Para facilitar el contacto con estos maravillosos seres, súbete a la cima de un monte, preferiblemente en un día despejado, cuando el aire esté fresco y fluido. Abre el corazón a la pureza de la brisa y hazte consciente de cada roce, de cada caricia, de cada murmullo. El aire se queda quieto a veces y sientes un remolino de brisa alrededor de los hombros y de tu pelo, que te señala la proximidad de una sílfide. Mira las nubes de cerca, buscando figuras y formas. ¿Qué te dicen? Intenta que las nubes adquieran la forma que quieras; puedes hacerlo también desde tu ventana. Si así ocurriera, es probable que tengas un contacto telepático con las sílfides.

• Volar una cometa es otra forma de aproximación a las sílfides. Observa la cometa jugando con el viento, siente el tirón y la parada, la bajada en picado y el salto. Mientras vuelas la cometa, probablemente pases más tiempo mirando el cielo que muchos otros días. Sintonízate con las formas de los vientos y de las hadas que otorgan poder.
• Otra de las cosas que puedes hacer agradar a las sílfides es toca una flauta. O silbar una melodía cuando estés sentada bajo un árbol. Elige un día en calma para hacerlo y disfrutar repitiendo la melodía unas cuantas veces. Enseguida sentirás una ligera brisa y las hojas o el polvo se arremolinarán con la llegada de las sílfides.
• Las hadas del viento pueden imitar el aspecto de un pájaro o de una mariposa. Para indicar su presencia suelen dejar como regalo una pluma o el aroma de su fragancia. En cualquier caso, serás afortunada, pues tu diálogo con las sílfides habrá comenzado.


