Espíritus protectores de las aguas continentales. Habitan bajo los pozos, en arroyos, charcas, riachuelos, pequeños lagos, aguas subterráneas y lugares similares. De manera análoga a sus aguas son pequeños, a veces mucho más pequeños que otros seres acuáticos.
Los hay de género masculino o femenino y son delicados, ambiguos, centelleantes, vivarachos y extremadamente encantadores. Durante el amanecer y el crepúsculo es cuando están más activos, aparte de unos días determinados de luna llena y luna nueva. Introducen a las personas en los secretos y en el mundo de sus aguas.
Les gusta cantar, los instrumentos musicales, los sonidos, la interpretación y el baile. Cuidan y protegen sus aguas y lo hacen con todo el cariño. Se ocupan de que el agua fluya y no se descomponga. Se elevan en la suave niebla matutina y colaboran con otros seres de la naturaleza acuática como pueden ser las Ondinas, los Devas acuáticos, las Hadas acuáticas y otros espíritus del agua.
Traen a la costa el húmedo frescor para humedecer las plantas. Están vinculados al agua, a la que cuidan y todo aquello que pasa en esas aguas lo experimentan ellos también; le dan un aspecto palpable al agua. Dado que se nutren de la luz de los ángeles, son independientes de los seres humanos.
Así que se comportan con ellos de una manera reservada y discreta. Se les puede percibir como una sensación de frío húmedo y mojado sobre la piel. Cuando las aguas se contaminan, pueden expresar su disgusto azuzando, haciendo que los insectos piquen directamente a las personas que han causado daño a las aguas.
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